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Depresión y suicidio, vinculados al displacer

Depression and suicide, linked to unpleasure
the alteration in the brain's Lateral septal nucleus unleashes despair

Fernando Guzmán

La alteración del núcleo septal lateral del cerebro desemboca en síntomas de desesperanza
La ideación suicida, intentos y suicidios consumados son expresiones de una patología cerebral extendida en nuestra época: la depresión.


Carlos M. Contreras.

Aunque este padecimiento es conocido desde hace más de dos mil años, hace apenas unas cinco décadas se comenzó a estudiar desde un punto de vista neurobiológico para determinar qué circuitos neurológicos están involucrados en él. Carlos M. Contreras, de la Unidad Periférica del Instituto de Investigaciones Biomédicas de la UNAM –ubicada en la Universidad Veracruzana, en Xalapa, Veracruz–, se ha adentrado, desde hace 20 años, en la fisiopatología de la ansiedad y de la depresión.

Así, ha identificado que una estructura cerebral asociada con el placer, el núcleo septal lateral, responde a los tratamientos antidepresivos y a los modelos que conducen a la desesperanza. Esta estructura contiene receptores de diversos mediadores químicos, hormonas esteroidales y neuroesteroides. “Cuando la función de las neuronas de dicho núcleo se modifica por situaciones medioambientales o en forma endógena se presenta uno de los síntomas capitales de la depresión: la anhedonia o incapacidad para experimentar placer. El deprimido percibe el mundo diferente: ve los colores de las cosas como opacos, no degusta el sabor de la comida, no tiene ninguna ilusión de vivir; en pocas palabras: para él, todo es desesperanza”, explicó el especialista.

Experimentos bien conocidos de autoestimulación intracraneal en un modelo animal evidenciaron la relación núcleo septal lateral-placer: una rata de laboratorio prefirió accionar una palanca para recibir, vía un electrodo, choques eléctricos en esa zona cerebral, que aceptar alimento, agua, drogas adictivas, o tener actividad sexual.

Recomendación
En el cerebro de una persona deprimida fallan algunos procesos de reconocimiento de señales entre las neuronas. El problema es que la restauración de la función sináptica, promovida por los antidepresivos, es lenta y, por consiguiente, la curación de la enfermedad también. Por eso, Contreras recomienda vigilar (incluso hospitalizar durante dos o tres semanas) al paciente con ideación suicida y darle tratamiento ansiolítico, antidepresivo o antipsicótico. Ambas medidas (hospitalaria y farmacológica) podrían reducir el porcentaje de suicidios.


En el Laboratorio de Neurofarmacología del Instituto de Neuroetología de la Universidad Veracruzana, Contreras y un equipo de investigadores a su mando demostraron que los antidepresivos aumentan la actividad neuronal en el núcleo septal lateral, con lo cual mejoraría el estado de ánimo del deprimido.

“En cambio, la actividad neuronal disminuye en esa estructura cerebral ante un estímulo aversivo condicionado o cuando el animal es sometido a procesos inductores de desesperanza”, comentó.

Ansiolítica y antidepresiva
En el binomio depresión-suicidio hay un componente de género: se deprimen más las mujeres que los hombres (cinco por uno), pero se suicidan más los hombres que las mujeres (cinco por uno).

En esto influiría decididamente la acción de la hormona femenina progesterona (el hombre la produce en pequeñas cantidades). Contreras y su equipo hallaron evidencia de que dicha hormona funciona como ansiolítico y antidepresivo endógeno.

Esta hormona gonadal es también un neuroesteroide que se sintetiza en el cerebro. El receptor del ácido gama-amino butírico (o neurotransmisor GABA, por sus siglas en inglés), estudiado en la ansiedad y la epilepsia, tiene un sitio de reconocimiento específico para ella.

“Así pues –apuntó el investigador–, la progesterona origina acciones conductuales y electrofisiológicas semejantes a las de los tratamientos antidepresivos y potencia la acción experimental de un antidepresivo tricíclico, lo que explicaría la mejor respuesta de las mujeres a tales tratamientos y, por lo tanto, la menor taza de suicidios entre ellas.”

Combinación posible
Durante el llamado síndrome premenstrual, caracterizado por un periodo de depresión ansiosa, se da una disminución brusca de progesterona y estradiol, al contrario de lo que sucede durante la ovulación, cuando los niveles de ambas hormonas están altos.

En mujeres que padecen síndrome premenstrual, Contreras corroboró que un tratamiento basado en la disminución gradual de progesterona reduce la sintomatología depresiva y ansiosa.

Ello explica asimismo por qué, conforme avanza el embarazo y aumentan los niveles de progesterona y estradiol, la mujer experimenta una gran sensación de bienestar y una inquebrantable disposición de cuidar y atender a su bebé. De ahí que Contreras no deseche la posibilidad de combinar progesterona con antidepresivos para tratar a pacientes refractarios.

“Es sólo una idea: si la progesterona es ansiolítica y antidepresiva, podría combinarse con un antidepresivo de nueva generación, como la fluoxetina, y quizás se obtendrían mejores resultados”, finalizó.

Artículo publicado en Gaceta UNAM, Número 4027, 8 de noviembre del 2007.

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