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Suceptibilidad y ambiente, causas de 95% de cánceres

Susceptibility and environment, cause of 95% of cancers

Pía HERRERA

Hasta 95 por ciento de los cánceres tiene que ver con los genes de susceptibilidad y el ambiente, mientras que el resto es hereditario, por lo que la presencia de esta enfermedad está relacionada con la edad y el tiempo de exposición a factores desencadenantes, señaló Patricia Ostrosky, del Instituto de Investigaciones Biomédicas.
La especialista participó en el Curso-Taller Cáncer y Contaminación Ambiental,organizado por el Programa Universitario de Medio Ambiente de esta casa de estudios, el Instituto Nacional de Cancerología y la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales, mediante el Instituto Nacional de Ecología, cuyo coordinador es Álvaro Osornio.

En la conferencia Cancerígenos en el Ambiente, la especialista explicó que hay periodos de latencia. Es decir, el tiempo transcurrido desde que una persona se ha expuesto a circunstancias que podrían generarle una neoplasia hasta la manifestación de sus síntomas.

De acuerdo con la investigadora, 35 por ciento de los cánceres se relacionan con la dieta; 30 por ciento con tabaco; 10, con infecciones; siete, con comportamiento sexual; cuatro, con exposición ocupacional; tres, con alcohol; dos, con contaminación; uno por ciento con medicamentos y productos industriales, y el resto con otras causas.

En el Auditorio Nabor Carrillo de la Coordinación de la Investigación Científica, expuso que los expertos refieren que uno de cada tres individuos padecerá cáncer, lo cual es una cifra elevada; por ello, sugirió hacer todo lo posible para prevenirlo. Además del daño a la salud, el costo emocional y económico es alto.

Los factores que pueden producir una neoplasia, precisó, son físicos, como la radiación solar; biológicos, por virus, bacterias o parásitos, y químicos; se calcula que un ser humano está expuesto a siete mil sustancias todos los días, aunque podrían incrementarse hasta las 70 mil dependiendo de la situación.

La especialista agregó que hay tres tipos de estudios para identificar cancerígenos: los epidemiológicos, de laboratorio (in vivo e in vitro) y los de epidemiología molecular.

Para los primeros, comentó, se requieren grandes conjuntos de individuos, analizarlos por mucho tiempo, y ello los vuelve costosos. Otra de sus grandes desventajas es que se necesita un grupo control normal que tenga exactamente las mismas características del examinado.

Sostuvo que en los estudios de laboratorio comparan dos especies diferentes, por ejemplo el ser humano y la rata. Pero sucede que se ha observado que hay compuestos que sí son carcinógenos para el primero y no para las segundas.

En los últimos años, prosiguió, se han desarrollado pruebas donde se puede trabajar con plantas e insectos, por ejemplo, en análisis de epidemiología molecular. Son bioensayos o biomarcadores que pueden determinar sujetos afectados por razones accidentales, naturales, laborales o médicas de forma más sencilla. Indican si hay daño cromosómico, señal de riesgo de cáncer.

Patricia Ostrosky afirmó que así como hay venenos, también hay sustancias que protegen (antimutagénicas), las cuales también se investigan y se encuentran en alimentos como la uva. Sin embargo, si alguien tiene un gene carcinogénico no le sirve de mucho, pero en quienes tienen susceptibilidad, sí ayuda a tener una vida sana, sin excesos.

A su vez, Luisa Tan Molina, codirectora de Molina Center for Energy and the Environment, ofreció la conferencia Monitoreo Ambiental en la Zona Metropolitana del Valle de México. En ella comentó que la distribución global de la población indica que el número de megaciudades (urbes de más de 10 millones de habitantes) está creciendo. Si bien en 1950 sólo había dos, Nueva York y Tokio, en 1995 la cifra subió a 14, y se calcula que en el 2015 serán 22.

Las de entre cinco y 10 millones de personas, especificó, en 1995 sumaban siete, y se piensa que en 2015 serán 40. Tan sólo en 2000 había más de 300 urbes con un millón de habitantes. En la zona metropolitana de la ciudad de México se prevé que para 2015 habrá 21.6 millones de residentes.

Entre los mayores impactos ambientales observados en ellas están el tráfico y la contaminación, lo cual es fuente de partículas atmosféricas, óxido de nitrógeno y dióxido de carbono, entre otros.

Como consecuencia de la urbanización local, regional y global hay un aumento en el uso de energía, incluido el uso de vehículos. Tan Molina habló asimismo de la Campaña Milagro (Megacity Iniciative: Local and Global Research Observations), de la que, concluyó, consiste en un proyecto de medición de contaminantes del aire dentro y fuera de la capital mexicana, con la participación de numerosos científicos nacionales y extranjeros de más de 30 instituciones de gran prestigio.

Artículo publicado en Gaceta UNAM, Número 4026, 5 de noviembre del 2007.

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