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Cepas multidrogoresistentes, un reto para el control de la tuberculosis

Multi-drug-resistant strains, a challenge for the control of tuberculosis

La tuberculosis (TB) multidrogo-resistente (MDR), se define como la resistencia a isoniazida y rifampicina, medicamentos de primera línea empleados en tratamientos de la enfermedad, por lo tanto para el tratamiento de la TB MDR se requiere el uso de medicamentos de segunda línea que son menos efectivos, más costosos y más tóxicos. La aparición en el año 2005 de nuevas variantes de Mycobacterium tuberculosis; las cepas extremadamente resistentes a los medicamentos (XDR), constituye uno de los mayores retos para el tratamiento de la TB, ya que la mayoría de los pacientes infectados con estas cepas están condenados a morir, declaró Clara Espitia, investigadora del Departamento de Inmunología del Instituto de Investigaciones Biomédicas.

Laboratorio de Alta Seguridad

Las cepas XDR, dijo, aparecieron primero en África, en donde 52 de 53 pacientes infectados murieron debido a la falta de tratamiento adecuado. Estas cepas se caracterizan por su resistencia a al menos 2 drogas de primera línea, isoniazida y  rifampicina y a 3 o más medicamentos constituyentes de las 6 clases de medicamentos de segunda. La multiresistencia de las cepas, explica la especialista, se debe principalmentre a que el tratamiento para la TB es muy largo (aproximadamente seis meses) y la mayoría de los enfermos no lo concluyen o no lo siguen adecuadamente, permitiendo que las bacterias proliferen y muten para resistir los efectos de los antibióticos.

Mencionó que otro obstáculo en la lucha contra la tuberculosis es que la vacuna BCG utilizada actualmente, tiene niveles de protección variable en cada país que va desde cero (es decir que no protege) hasta 80 por ciento, y esto se debe posiblemente a las variaciones que ha sufrido a largo de su existencia. Al tratarse de una vacuna viva, las cepas vacunales distribuidas en diferentes regiones del mundo han mutado y perdido material genético que es importante para inducir una respuesta inmune protectora adecuada.

Subrayó que otro aspecto que interfiere con la eficiencia de la vacuna BCG es la exposición repetida de los individuos a las micobacterias del medio ambiente, existen más de 100 especies de micobacterias, las cuales son muy semejantes en su estructura antigénica, que es la que define la respuesta inmune. Sólo una pequeña cantidad de estas son patógenas para los humanos (como M. tuberculosis y M. leprae)  y la mayoría se encuentran en el medio ambiente, principalmente en  los lugares tropicales donde son más abundantes, incluso están en el agua para beber, ya que son resistentes al cloro. La exposición repetida del sistema inmune a las micobacterias ambientales induce una respuesta inmune que no protege y puede interferir con la inmunidad inducida por la vacuna.

La investigadora comentó que un tercer problema para el control de esta enfermedad es la existencia de la tuberculosis latente, ya que un tercio de la población está infectada, es decir, son portadores de las micobacterias que permanecen en un estado metabólicamente inactivo, sin producir enfermedad. Aunque sólo entre cinco y ocho por ciento de los infectados desarrolla la enfermedad, existe un gran potencial de contagio debido a que la bacteria se reactiva cuando bajan las defensas del organismo, por ello los enfermos de SIDA son un blanco perfecto para desarrollar la TB.

El grupo de Clara Espitia trabaja en la identificación de moléculas de M. tuberculosis que sirvan tanto para la prevención como para el diagnóstico. Actualmente en el rubro de la prevención, estudia a algunos miembros de la familia de las proteínas PE-PGRS. En colaboración con el doctor Rogelio Hernández Pando del Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición “Salvador Zubirán” ha encontrado que algunas proteínas PE-PGRS logran prevenir la reactivación de la tuberculosis después de la administración de corticoesteroides, en modelos animales de tuberculosis  latente.

La doctora Espitia extenderá estos  estudios para identificar las regiones de las proteínas que inducen la respuesta protectora y en breve gracias a un donativo del CONACYT, se harán las adecuaciones necesarias en el laboratorio de Bioseguridad Nivel 3, que permitirá a los grupos de investigación en tuberculosis de la Universidad y de otras instituciones de investigación manejar animales infectados. Esto ampliará el alcance de las investigaciones, principalmente en lo que respecta a la evaluación de agentes inmunoprofilacticos y terapéuticos.

El grupo también trabaja,  en mejorar el diagnóstico de la enfermedad y han producido cerca de 20 proteínas recombinantes que se planean usar en población abierta y pacientes con tuberculosis para evaluar la producción de marcadores inmunológicos como el interferón gama, con el objeto de encontrar antígenos que logren diferenciar a las personas infectadas de las que están enfermas, ya que las pruebas inmunológicas existentes no logran hacerlo.

La doctora Espitia forma parte del comité de la Sociedad Latinoamericana de Micobacterias (SLAM), la cual tiene por objeto unir esfuerzos, buscar financiamientos  y aprovechar los conocimientos de diferentes áreas para buscar nuevas alternativas en la lucha contra la tuberculosis. z Sonia Olguin

Artículo publicado en Gaceta Biomédicas, Marzo del 2008.

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