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Sufren los manglares alta tasa de destrucción

Mangroves are suffering a high rate of destruction
They have lost between 25 and 35 per cent of its total surface

Laura Romero

Han perdido entre 25 y 35 por ciento de su superficie total
Los manglares de las costas mexicanas han perdido entre 25 y 35 por ciento de su superficie total y la deforestación que sufren se estima hasta en siete por ciento en determinados lugares. Ésta es la tasa de destrucción más alta de todos los hábitat, aun por encima de las selvas y los bosques, consideraron investigadores de la UNAM.

Estos ecosistemas son imprescindibles por la abundancia biológica que albergan y los servicios ambientales que prestan. Ahí habitan muchas variedades de mamíferos, aves, reptiles, crustáceos, moluscos, insectos y otros organismos que dependen de ellos. Además, son barreras contra eventos ambientales y filtros de las corrientes de agua.

En este contexto, es grave que se pretenda relajar las disposiciones para su preservación. “No se trata de que se vean bonitos, sino que conviene conservarlos”, señaló César Domínguez Pérez Tejada, del Instituto de Ecología.

Aunque ocupan un lugar privilegiado por la riqueza que encierran y los servicios ambientales que prestan a la naturaleza, la pérdida de esos ecosistemas costeros sujetos a múltiples presiones y amenazas compromete el futuro del país. La principal en este momento son los desarrollos turísticos, precisó Karina Boege Paré, también de Ecología.


Riqueza a la vista

Los manglares son formaciones vegetales constituidas por diversas variedades de árboles y arbustos. La característica primordial es su resistencia a la salinidad y a condiciones bajas de oxígeno, pues se desarrollan en sitios inundados.

Generalmente, dijo Domínguez –doctor en Ecología por la UNAM y posdoctorado por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, de España–, estos ecosistemas están restringidos a los trópicos o subtrópicos, y a las desembocaduras de los ríos y arroyos, a los esteros y las lagunas costeras.

Reciben su nombre del mangle, árbol representado por 54 especies en el mundo. De ellas, en México predominan cuatro: Rhizophora mangle (mangle rojo), Laguncularia racemosa (mangle blanco), Avicennia germinans (mangle negro, madre de sal) y Conocarpus erectus (mangle botoncillo), explicó Guadalupe de la Lanza Espino, del Instituto de Biología.

De acuerdo con la obra Los manglares de México (Conabio, 2008), la superficie estimada que ocupan éstos es de 655 mil 667 hectáreas. Están presentes en los 17 LAURA ROMERO estados de la República con litoral. Campeche posee la mayor superficie del país (29.9 por ciento), seguido por Yucatán, Sinaloa y Nayarit (12.2, 10.8 y 10.2 por ciento, respectivamente). Las entidades con menor cobertura son Colima, Tamaulipas y Baja California.

La altura de los mangles varía de un lugar a otro. En el norte, en Bahía de Quino, son de un metro o metro y medio, y en La Encrucijada, Chiapas, alcanzan hasta 30. Pero las diferencias no son sólo de medida; estudios genéticos han demostrado que las poblaciones también son distintas. “Eso quiere decir que si se destruye un sitio, en realidad se pierde una parte del acervo genético de cada especie”, recalcó Domínguez.

¿Por qué no está bien cortar los manglares más allá de una cuestión romántica? Porque son importantes, fundamentalmente, por dos razones: la riqueza biológica que albergan y los servicios ambientales que prestan, añadió.

Además, constituyen la interfase entre los ecosistemas terrestres y los acuáticos; son los más productivos del planeta, puntualizó De la Lanza Espino. Muchas especies de aves, mamíferos, reptiles, crustáceos, moluscos, insectos y otros organismos habitan ahí o se sirven de ellos. Un ejemplo contundente son los peces, pues se ha calculado que alrededor de 80 por ciento de los que consumen los humanos depende, en alguna fase de su ciclo de vida, del manglar. Si éste se destruye, desaparecerán las pesquerías de distintas variedades, incluidos los camarones y los ostiones, advirtió.

También desempeñan la función de barrera contra vientos y corrientes, huracanes y tsunamis, refirió la integrante del Instituto de Biología. Hay estudios que demuestran que en sitios donde el manglar está bien conservado, las consecuencias del oleaje gigante en lndonesia (2004) fueron mucho menos severas que donde estaba perturbado. Lo mismo ocurrió en Nueva Orleans ante los embates del huracán Katrina (2005).

Otra función, detalló César Domínguez, es la de ser filtros biológicos de las corrientes de agua, al evitar que sedimentos lleguen al ambiente marino. “Eso es importante sobre todo en zonas coralinas, porque esos residuos tapan los pólipos de los corales y los matan. Si hay manglar se evita esa condición”.

Además, estabilizan el suelo y la línea de costa, y si desaparecen, como ocurre en Cancún, es necesario llevar constantemente arena a las playas. Por si fuera poco, animales como jaguares, pumas, venados y guacamayas, entre otros, dependen de esos humedales para sobrevivir en la época de sequía, dijo.

Desde el punto de vista climático, expuso De la Lanza, licenciada por la Facultad de Química y doctora por esta casa de estudios, son fuentes que atrapan el bióxido de carbono, gas de efecto invernadero que contribuye al calentamiento global.


Bajo amenaza

En regiones menos turísticas, expresó Karina Boege –bióloga por la UNAM y doctora en Ecología, Evolución y Sistemática por la Universidad de Missouri-St. Louis, con posdoctorado en Stanford, EU– hay una frontera agrícola y ganadera que trata de ganarle terreno al manglar. También hay aprovechamiento forestal, pues se usa la madera del mangle como leña o postes de construcción.

Aunque, especificó, otras dificultades son las granjas de camarón industrializadas y las salineras, en el caso del Golfo de California. En tanto, la industria petrolera ha producido no sólo deforestación, sino además efectos “perversos” por la contaminación. Del total de hectáreas de manglar, indica el texto de la Conabio, 43 por ciento es superficie decretada como Área Natural Protegida. Ello significa que 280 mil 573 hectáreas están reguladas por el régimen de protección especial que prevé la Ley General del Equilibrio Ecológico y la Protección al Ambiente.

Asimismo, 30 sitios están inscritos en la Convención Internacional de Ramsar (Irán) para la Protección de los Humedales del Mundo, cuya superficie asciende a 420 mil 244 hectáreas, 64 por ciento del total de cobertura de manglar en México. De acuerdo con ello, se tiene la obligación de desarrollar programas de conservación.

César Domínguez aclaró que sí es posible restaurar un manglar aunque en condiciones particulares y con altos costos. Un huracán tira todos los árboles, pero en pocos años, si no se perturba más, se recupera de forma natural. Sin embargo, cuando el ambiente ya ha sido dañado, no es posible rescatar esa riqueza ni las especies asociadas.

La Ley General de Vida Silvestre, en su artículo 60 TER, establece: “Queda prohibida la remoción, relleno, trasplante, poda, o cualquier obra o actividad que afecte la integralidad del flujo hidrológico del manglar; del ecosistema y su zona de influencia; de su productividad natural; de la capacidad de carga natural del ecosistema para los proyectos turísticos; de las zonas de anidación, reproducción, refugio, alimentación y alevinaje; o bien de las interacciones entre el manglar, los ríos, la duna, la zona marítima adyacente y los corales, o que provoque cambios en las características y servicios ecológicos”.

El intento de modificar esta ley establecía reforestar el equivalente a seis veces el área afectada, reveló Karina Boege. Pero no es sencillo. Los manglares requieren condiciones particulares para establecerse, por lo tanto, los sitios de replantación serían restringidos.

De la Lanza Espino también manifestó su desacuerdo con ese elemento de supuesta compensación, de deforestar para luego sembrar mangles en otro lado, porque podría no existir la conjunción de elementos ambientales, agua o tipo de suelo, necesarios. “No serviría o su eficiencia podría ser baja, sin considerar el efecto sobre el resto de los organismos asociados”. Otro aspecto a evaluar, acotó Domínguez, son las circunstancias del manglar aún existente, que seguramente no está en la mejor condición posible. En 1996, recordó, se analizaron 14 sitios y en 11 de ellos se encontró que la tala hormiga era frecuente... y esa no es la que tiene los efectos más “perversos”.

La posición de los científicos no es que nadie ponga un pie ahí, consideró De la Lanza. Pueden tenerse desarrollos pequeños al lado del manglar, pero sin afectarlos; pueden ser ecoturísticos, con paseos en kayak en vez de lanchas, donde se conviva con el ambiente, pero respetándolo.

Las presiones para modificar la ley son fuertes. Se planean inversiones millonarias y la creación de muchas fuentes de trabajo, pero ese es sólo un lado de la balanza; del otro está el costo de reconstruir ciudades destruidas por huracanes, independientemente de los costos ecológicos y la importancia ambiental del manglar.

Las predicciones al respecto son claras. Con el calentamiento global no aumentará el número de huracanes, pero sí su intensidad. No es posible que habiendo tanta información en México y en el mundo de expertos en esos ambientes, no se les considere en la toma de decisiones. “Hay que preguntarnos qué país se quiere para las próximas décadas”, concluyó Domínguez.

Artículo publicado en Gaceta UNAM, Número 4065, 17 de abril de 2008.

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