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Mecanismos de Patogenicidad de la Trichomonas Vaginalis

Pathogenicity mechanisms of Trichomonas Vaginalis

Mediante una enzima, el parásito controla los genes relacionados con la inflamación y la carcinogénesis en las células epiteliales.

La tricomonosis, enfermedad no viral de transmisión sexual causada por Trichomonas vaginalis, afecta a más de 250 millones de personas en el mundo. T.vaginalis es un protozoario flagelado, con seis cromosomas, exclusivo del tracto urogenital de los seres humanos.

John Alderete. Foto: Roberto Melo

A esta enfermedad se le atribuyen nacimientos prematuros, bajo peso de los bebés al nacer, infertilidad, enfermedad inflamatoria pélvica y predisposición a infecciones por otros agentes de transmisión sexual. Una cuarta parte de la predisposición a infecciones por VIH, se atribuye a T. vaginalis, principalmente entre población chicana y afroamericana –debido a la segregación social de estos grupos–, así como alrededor del cinco por ciento del cáncer cervicouterino en mujeres. T. vaginalis también se ha asociado con algunos casos de cáncer de prostata.

El doctor John Alderete, del Departamento de Microbiología del Centro de Ciencias de la Salud de la Universidad de Texas (UTHSC) en San Antonio, invitado a Biomédicas por la doctora Imelda López, presentó un seminario institucional el pasado mes de julio en el que detalló diversas investigaciones desarrolladas en su laboratorio en torno a este parásito, causante número uno de infecciones de transmisión sexual.

El objetivo del doctor Alderete es entender los mecanismos de patogenicidad del parásito que permitan desarrollar estrategias de diagnóstico y control del mismo, principalmente a través de la comprensión de sus propiedades de adhesión al epitelio vaginal.

El investigador, miembro correspondiente de la Academia Mexicana de Ciencias desde 2006, mencionó que el primer paso para que se establezca la enfermedad es el contacto de T. vaginalis con las células del epitelio vaginal (VECs, por sus siglas en inglés). La citoadherencia del parásito depende de varias proteínas (adhesinas) reguladas por hierro, tanto en su síntesis como en la ubicación en la superficie. El doctor Alderete mencionó que una de estas adhesinas, la AP65, es la enzima descarboxilasa málica del hidrogenosoma que además tiene la función de adhesina al estar localizada en la superficie. La región amino-terminal de la AP65 posee el epítopo que une a T. vaginalis con la superficie de las VECs. Durante la adhesión, AP65 regula la expresión de ciertos genes de las células VECs, entre ellos interleucina 8 (IL-8) y COX 2, el primero relacionado con la inflamación y el segundo con carcinogénesis. En estudios de otros investigadores, referidos por el doctor Alderete (Tsuji et al., 1998 y 2001; Gupta et al., 2000 y 2003 y, Kulkarni et al., 2001), se ha mostrado que la síntesis aumentada de prostaglandinas inducida por COX-2, estimula la proliferación de células cancerígenas, inhibe la apoptosis y promueve la angiogénesis en varios tipos celulares. COX 2 se sobreexpresa consistentemente en todos los cánceres primarios y metastásicos de células epiteliales, incluyendo el de próstata y el cervicouterino.

Entender los mecanismos utilizados por T. vaginalis para colonizar al hospedero es central para desarrollar estrategias que interfieran la infección, señaló el ponente, quien añadió que es claro que el parasitismo del tracto vaginal por este organismo unicelular es un proceso complejo de varias etapas.

Durante una entrevista al final del seminario, el investigador, quien se ha destacado por sus esfuerzos para llevar la ciencia a las minorías en Estados Unidos, y es considerado uno de los hispanos más influyentes en aquel país, hizo hincapié en que la tricomonosis se encuentra subdiagnosticada, debido a que el 50 por ciento de los casos no son detectados mediante microscopía (una persona capacitada debería poder ver al parásito moviéndose); y aún mediante cultivo, hay un 20 por ciento de casos que no se detectan. De esta manera, dijo, alrededor de diez millones de mujeres, y muy probablemente diez millones de hombres, la padecen sin saberlo, puesto que en algunos casos puede no haber síntomas que consisten en descargas de fluido con muy mal olor, irritación y dolor abdominal. En el caso de las mujeres, el parásito puede llegar a invadir inclusive las trompas de Falopio. Asimismo, señaló, se trata de una enfermedad que no se reporta a las autoridades de salud, por lo que las estadísticas epidemiológicas no son del todo confiables.

La razón por la que T. vaginalis facilita la infección por VIH y otro tipo de padecimientos, explicó el investigador, estriba en que la infección produce una fuerte infiltración de leucocitos en la vagina o en el pene, que constituyen el blanco de infección del VIH. Por lo tanto, estas células se infectan más fácilmente al encontrarse en grandes cantidades debido a la infección.z

(Rosalba Namihira)

Artículo publicado en Gaceta Biomédicas, agosto de 2007. Gaceta Biomédicas

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